Prólogo:Un día antes del comienzo.
La mañana estaba bastante soleada pero eso no lograba de que mis ánimos subieran, porque no creo que cambiarse de instituto 5 veces sea muy bonito y a eso le agregamos que ya es la tercera vez que nos cambiamos de casa.
Habían pasado un mes desde que comenzaron las clases y no había durado ni 3 semanas en el nuevo instituto el cual me habían cambiado, aunque en realidad yo hice que me expulsaran ya que le dije a mi padre que yo nunca asistiría a una escuela de monjas. Ahora con esa gracia mi padre casi ni me habla, nos tomamos una semana libre para mudarnos de casa y buscarme un instituto el cual me acepten, de seguro mis padres ahora se están preparando para ver la escuela que recomendó mi tía materna, Agatha, la cual lo único que quería era que me fuera a vivir lo más cerca de su casa para visitarme y pasar más tiempo conmigo.
Mi tía y yo nos tenemos bastante cariño, porque prácticamente eramos las resagadas de la familia, por el simple hecho de que eramos más liberales en cuanto nuestros pensamientos y actos y que preferíamos tomar nuestras decisiones sin importar si a los demás les molesta o no.
Me levanté desganadamente de mi cama, el concierto de mi estomago no me permitía seguir durmiendo además de que tenía que moverme para no perder el día. Me puse ropa liviana y partí a la cocina a prepararme el desayuno. Tal como lo había pensado mis padres no estaban y mi hermano menor, Erik, al parecer salió a jugar lo que siempre hace cuando los dos quedamos solos, él siempre evita pasar tiempo conmigo ya que según él soy un fenómeno y una mala influencia, pero no me afecta demasiado después de todo yo pienso lo mismo de él. Me hice un desayuno rápido y puse la radio para que no hubiese tanto silencio. Comí tranquilamente mientras escuchaba Paramore como fondo. Al terminar de desayunar, lavé la loza y me dirigí a mi cuarto para prepararme con anticipación, porque no creo que mis padres quieran que pierda más tiempo de clase.
Me fui al baño de mi cuarto y me dí una ducha para refrescarme un poco del calor además de que no lo hacía hace bastante tiempo. Al terminar me sequé rápidamente y me puse mi ropa para dedicarme a desenredar mi pelo. Me detuve en frente al espejo y miré determinadamente el cabello no era muy largo, sólo me llegaba hasta la cintura y al ser ondulado me dificultaba todas las mañanas en peinarmelo como la gente. Al rato fijé mi vista en el mueble de al lado en el cual brillaba levemente una tijeras de pelo. Lo pensé como 20 veces antes de tomarlas y comenzar a cortar lentamente mi cabello. Aunque no poseía experiencia alguna en cortes de pelo, el instinto me ayudó de que el peinado me quedara decente, ni se notaba que no me lo había cortado en peluquería. Noté que mi cara se ablandó un poco haciendo que me viera más tierna... me golpeé en la cara arrepintiéndome levemente de lo que había hecho, pero tenía que hacerlo...era un paso más a mi nuevo comienzo a otra vida, obviamente sin dejar de ser yo misma. Limpié el piso y me recosté en mi cama.
Comencé a analizar las cosas que pasarán de aquí en adelante, lo bueno era de que mi tía prácticamente me visitaría todos los días, lo malo era que volvería ser la típica chica nueva de la escuela que con suerte sabe donde estaba parada.
Miré la hora y no eran más allá de la 1 de la tarde, no me digne a moverme de allí después de todo no tenía nada interesante que hacer. Al rato escuché la puerta de la casa abrirse y cerrarse acompañados de unos murmullos. Me levanté dirigiéndome al living curiosa de quién había llegado. Al asomarme me dí cuenta que eran mis padres que al parecer volvían de hacer unos transmites, el primero en verme fue mi papá que no pronunció ninguna palabra, mi mamá se dio cuenta de esto y se me acercó.
-¿Y bien?- pregunté, tenía mucha curiosidad de donde habían ido.
-Ok ¿Te acuerdas de la escuela que Agatha nos nombro? Bueno, no preguntes cómo pero te aceptaron casi de inmediato, así que mañana empiezas con las clases...
Asentí levemente sin ganas, fueron unas buenas vacaciones pero ya debía volver a la realidad, mi mamá sonríe nerviosa al ver mi desgano. A pesar de que muy rara vez habla conmigo se preocupa bastante de mí, aunque podía decir libremente que mi tía era más mi mamá que mi propia madre, mi tía me enseño todo lo que mi mamá no se digno hacer, aunque no me afecta mucho en realidad, si no fuera porque compartimos el mismo techo...
-¡Ah! Y antes de que se me olvide...me gustaría que mañana te vistieras lo más formal que puedas, para que así le des una buena impresión a la directora, aunque sea solamente por mañana ¿Ok?
-...Ok- respondí girándome para dirigirme de vuelta a mi habitación, me sorprendía bastante de que ninguno de haya dado cuenta de mi corte de pelo, aunque no los culpo, con todo el ajetreo y nerviosismo de la escuela y eso... aunque sospecho de que mi padre se dió cuenta y no dijo nada por orgullo.
Me fui directo a mi closet para ver que me pondría mañana, usualmente me visto con lo primero que mi mano agarra, pero por esta vez le haría el favor a mi mamá de vestirme "como la gente". Buscando y buscando sentí la necesidad de suspirar, a pesar de todo no podía evitar sentir nervios ¿Que pasará mañana? ¿Me mirarán todos como un bicho raro? No solo era una escuela diferente, sino que también un barrio diferente, no conocía a nadie ni siquiera conozco el barrio en que vivo y eso que ya llevo una semana aquí. En la tarde le pediría la dirección de la escuela a mi mamá y en lo posible que me hiciera un mapa. Comenzar todo de nuevo era estúpidamente difícil, y en mi nueva escuela: Sweet Amoris.